Pérdida de biodiversidad importa, y contarlo es crucial.

La amenaza de pérdida de la biodiversidad a gran escala –y la necesidad de una acción política global para detenerla— crece día a día. Es un tema que se  enfrenta retos formidables para persuadir a los líderes políticos y al público en general acerca de la urgente necesidad de tomar acción. Las razones son complejas. Pero la raíz es el conflicto entre la necesidad de cambiar radicalmente el uso que damos a los recursos naturales, y el deseo de mantener las formas actuales de crecimiento económico tanto en los países desarrollados como en desarrollo. Los activistas deben comunicar por qué es importante la biodiversidad, para revertir la pérdida de biodiversidad hay que contarle a la gente por qué es importante que esto no suceda.

El fracaso de las conversaciones sobre el clima en la cumbre de la ONU realizada en Copenhague en diciembre, no pudo ser un preludio menos prometedor para el Año Internacional de la Biodiversidad, que se inició el mes pasado (enero).

Las soluciones son igualmente complicadas. Parte de la respuesta, en cada caso, reside en mejorar la habilidad de los medios para comunicar los mensajes con contenido científico que van emergiendo, de manera que reflejen con exactitud la urgencia de la situación y de qué manera se verá afectada la vida cotidiana de la gente.

Conseguir que esos mensajes calen no es tarea fácil. Y hasta ahora, en el caso de la biodiversidad, los esfuerzos han fracasado. Ha quedado en evidencia que los gobiernos signatarios de la Convención sobre Diversidad Biológica (CDB) han fallado en sus objetivos para 2010, establecidos en 2002, de alcanzar “una reducción significativa en las tasas de pérdida de la biodiversidad”. Como lo han admitido los delegados a la conferencia de Londres y a otras reuniones de lanzamiento del Año Internacional de la Biodiversidad, esta omisión se debe en parte a las deficiencias en la comunicación.

El debate sobre un nuevo grupo de objetivos para proteger la biodiversidad en la próxima década ya está en marcha y se espera que sean aceptados en octubre, durante la próxima reunión de revisión del CDB, a realizarse en Nagoya, Japón. Los nuevos objetivos no solamente deben ser más realistas y concretos, sino que deben ir acompañados de una estrategia de comunicación más sofisticada.

Fuente: http://www.medioambienteonline.com/site/root/resources/feature_article/8289.html

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